miércoles, 6 de junio de 2007

Mal dia para la serenidad, excelente para la rabia.

Se acerca el doloroso espasmo, los dientes apretados, hasta reventarse y las encias vivas, la mandibula destrozada y las venas pulsando en el cuello. Bebiendo vinagre del suelo , arrastrando las ratas de mi propio cuarto, vertidas en sudor rancio, ahogadas en desesperación, impotencia. Ah, aquel sonriente mamotreto de vergonzosas ideas; confabula contra mi el polvo, se atora en la garganta, el polvo de mis propios dientes molidos. Carcasas quemadas, tenedores en las uñas, bien duras, como diversiones rústicas, estupideces, pura blasfemia, un rato sincero, otro rato atado a una trituradora de madera. Sin ojos en las cuencas, meteme una vara de acero en alguna de estas, y retuercela, a ver que sacamos.

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